Una de esas supersticiones es la referente al número trece (13).
Éste lo hizo maléfico o perjudicial para el hombre cuando se encontrase con él, la Iglesia de Roma en la reforma primera y sustancial para ella, tanto como para llegar hasta nuestros días, efectuada por Constantino el Grande en el siglo IV. La falta de conocimiento hace que el hombre vaya a la deriva por la vida al no conocer de “motu proprio” ciertas leyes naturales que solamente les son inducidas la mayoría de las veces por aquellos que tienen interés en subyugarlo aprovechando ese desconocimiento.
Está tan arraigada y llevada a tales extremos la superstición sobre el número de que hablamos como para eliminarlos de casas, planta y habitaciones de hoteles, fechas de actos tan relevantes para el hombre como nacimiento, boda, titulación, etc. Una de las fórmulas que se siguió para hacerle fatídico fue el hacerlo coincidir, históricamente para que llegue a la masa, con la muerte violenta de dioses de la antigüedad con el decimotercer año o día.
Aunque lo fatídico de éste número precedió en mucho al cristianismo, este aprovechó, puede que sin conocimiento exacto de lo que hacía, cosa que personalmente dudamos mucho, la Sagrada o Última Cena de Jesús el Cristo con sus Apóstoles, en la que ella, la iglesia de Roma, pone sólo a trece comensales para darle así un carácter de mal agüero a un acto tan sublime como el de en esa Cena dar comienzo el Drama ritualístico más excelso de la humanidad.
El vulgo, en particular el correspondiente a la religión católica, toma al número 13 como signo de malos presagios debido en parte, como ya hemos dicho, a que en la Última Cena de Jesús con sus discípulos fueron trece los sentados a la mesa y uno de ellos resultó ser un traidor a la causa, sin pensar por un momento que en esa cena también estaba una de las alma más hermosa que jamás han pisado la tierra, por lo que el trece debería ser, con más motivo, el número de mejor suerte. Si seguimos las enseñanzas.
esotéricas a través de los verdaderos Maestros, podremos ver que si sumamos el 13 convirtiéndole en 4 (1+3=4) nos simbolizará un cuadrado ( □ ) y, comoquiera que este simboliza lo físico, lo grosero en el ser humano, se nos pudiera decir que de ahí lo de mala suerte; taxativamente diremos que no, que es símbolo de algo a mejorar, en este caso la obligación que tenemos de mejorar todo lo físico, mundano y materialista transmutándolo, el número 4, resultado del 13, para acercarnos lo más posible a la espiritualidad que todos llevamos consigo. Esto es lo que nos indica también la Última Cena, un transmutación personal que conseguiremos cuando el “traidor” se nos retire después de haber cobrado su parte, o sea, cuando lleguemos a ser menos egocéntricos y más humanitarios si desechar las enseñanzas adquiridas por medio del cuerpo físico.
En cuanto al 13 como número de comensales en la cena, la explicación ya apuntada en el párrafo anterior nos indica que el Maestro Jesús tuvo que hacer un trabajo de introducción de la doctrina que le había sido encomendada para darla al mundo profano, en el plano puramente físico, por lo que esotéricamente se rodeó de un staff, como diríamos hoy día, de doce (12) apóstoles ejecutivos, que con él sumaran trece (13) para desarrollar un trabajo mundano y físico en el mundo material; recordemos los “milagros” realizados en ese mundo inferior aplicando las Leyes Divinas…para después, una vez que Judas Iscariote le vende y delata por algo tan material como es el oro y un cargo que no se lleva a efecto y desaparecer avergonzado dejando el staff de Jesús en 12, lo que nos señala el 3 (1+2=3) el número místico por excelencia. Meditemos en las 30 monedas recibidas por Judas, que nos hablan del 3, del triángulo equilátero de Pitágoras con el vértice hacia arriba, en petición al Cósmico, a Dios, que es el triángulo que queda a la retirada del discípulo traidor, con su vértice hacia abajo como derrama de los dones divinos con destino al plano físico, dones que van a estar por todo el tiempo que dure el caminar por el Sendero del Elegido, Adepto Iniciado para ese rol por medio del Agua a través de Juan el Bautista en el río Jordán. Los dos triángulos equiláteros, vértice arriba, vértice abajo nos forman el Sello de Salomón o Estrella de David con todos los significado esotéricos que lleva implícito tal símbolo, que será descrito en su momento en la categoría de “talismanes”.
Aun cuando en la Última Cena ya estaba hecha y cobrada la transacción entre el Sanedrín y Judas, es en el Monte de los Olivos donde se consuma ésta. Sabemos que el Olivo es un árbol de hojas permanentemente verdes, que caen para que renazcan otras ¡bonita alegoría respecto a Jesús el Cristo!.
Quedando ahora once discípulos más el Maestro quedan activos doce (12=3), dando así comienzo el trabajo espiritual, esotérico, de cara a lo interior de todo aquél que lo comprenda y esté dispuesto a hacer la correspondiente introspección personal, siendo ahí donde Jesús, el Maestro de maestros, completa su dualidad como hijo del hombre e Hijo de Dios al sumar con los dígitos cuatro y tres el siete, ha puesto sobre el cuadrado ( ) físico el triángulo divino ( ), formando con ellos un número diametralmente opuesto al 13 en cuanto a la suerte, el siete (7); número que el vulgo sin saber porqué da como de la suerte en casi todos los casos.
Tengamos presente que el ritual que sigue Jesús al rodearse de doce personas para realizar su labor espiritual en lo físico, no fue creado entonces como algo nuevo pues, 1500 años a. C. en Egipto el faraón Tutmosis III al crear, o más bien al sacar del interior de su palacio a la luz más o menos pública, a lo profano, a través de las hoy conocidas como Escuelas de Misterios un determinado conocimiento, lo hace creando un grupo de doce personas más la suya, sumando, como es natural, trece. Era algo a divulgar, siempre dentro de un orden y una disciplina , era una labor igual a la de Jesús salvando la distancia en el tiempo. Las diferencias entre uno y otro son mínimas; Tutmosis III tenía el templo en sus propias dependencias en su caso particular y son nueve hombres ( número que nos señala la Obra terminada ) y tres mujeres ( número y símbolo de los dones divinos ) ya que la mujer en aquel Egipto tenía los mismos derechos que el hombre. Jesús que fue preparado en principio por la Orden Esenia, oriunda de aquellas Escuelas egipcias afincada en el Monte Carmelo ubicado en Palestina, aunque antes de dar comienzo a su labor recorrió el mundo preparándose en toda Escuela de Misterios tanto del lejano como del cercano Oriente, siguió el mismo ritual para escoger a sus discípulos, los que, por supuesto, no eran iletrados ni mucho menos, y el no escoger mujeres fue debido al estar éstas consideradas inferiores, no obstante sabemos que sí se rodeó de muchas como podemos ver en las últimas cenas pintadas por Jacobo Robusti “El Tintoretto” y de Pablo Caliari “El Veronés” a las que debieron cambiar de nombres por llamarles al orden la Iglesia (léase la Inquisición) como mal menor, titulándolas: “Cena en casa de Leví” y “Banquete en casa de Leví”, en las que vemos; en una, gran cantidad de personajes entre los que hay soldados, bufones, mujeres y ángeles sobre todos ellos y, en la otra, pueden verse los dos planos entremezclados, el material y el espiritual, ángeles y seres físicos, incluidos islámicos que conviven sin problema, además, respecto a las mujeres que arrastraba Jesús en sus actos mundanos y ritualísticos tenemos cantidad de referencias en los Evangelios. Comoquiera que esa costumbre de doce más uno venía de Egipto como hemos visto, y las ordenes monásticas del medievo recogieron abundante enseñanzas de los egipcios sobre la espiritualidad, sus monjes harían lo mismo hasta bien entrado el renacimiento a la hora de salir de la casa matriz para organizar un nuevo emplazamiento o directrices, iban doce, más uno de más categoría en la Orden, recordemos la creación del Cister partiendo de Cluny con Bernardo de Claraval (san) a la cabeza de doce monjes; la docena del fraile, que quedó entre el pueblo para pedir que le sirvieran trece.
Resumiendo sobre los ágapes fraternales de los que el último fue la Sagrada Cena: eran conmemoraciones para celebrar la llegada de una nueva Era, la de Piscis, la Era del Amor por medio del sacrificio y, a ellas asistían tanto elementales como ángeles y místicos como paganos. Aquella Era que aunque ya empezada años atrás va a dar comienzo cuando el Cordero sea inmolado después de iniciar el trabajo místico final una vez consumada la traición prevista de Judas Iscariote, entrando aquí en juego el triángulo de “oro” de Pitágoras en ambos planos: en el físico, poniendo en la parte horizontal, en su lado derecho las 30 monedas (3) y en el izquierdo el Olivo (luz de Luz) para ver en su vértice a Judas colgado simbólicamente (ahorcado nos a dicho Roma) lo que nos lleva a lo expresado en el Arcano XII del Tarot, en que una de sus enseñanzas nos dice que para invertir las condiciones de miseria, enfermedad y fracaso sustituyéndolas por sus opuestos de éxito, salud y felicidad necesitamos pensar, hablar y actuar de manera inversa de aquellas en que la mayoría de las personas lo hacen. “El odio jamás cesa por el odio; el odio cesa por el amor”. Esta es una de las lecciones que nos da Judas Iscariote
con su modo de actuar. El Maestro sabía de su proceder, obligado dentro del grupo, y tenía razones poderosas para tenerle en su entorno más cercano como sabemos.
Por las mismas fechas en que las pinturas de “El Tintoreto” y “El Veronés” fueron realizadas, el gran Leonardo da Vinci no tuvo problemas con su “Última Cena” al no detectar la Iglesia anomalía alguna en su pintura por estar en ella sólo Jesús con sus doce Apóstoles, sin percatarse de la cantidad de símbolos esotéricos que plasmaba en ella, los cuales fueron estudiados, comprendidos y aplicados por las Ordenes Esotéricas desde el siglo XVIII, no obstante ser ahora, recientemente, cuando a la sociedad, a la masa, después de abolir ésta una serie de trabas, le han llegado solamente unas migajas de todo el saber esotérico expresado en la pintura y literatura que da comienzo a principio del Renacimiento y que en la actualidad presumimos están orquestados por el grupo que desde las sombras está al servicio de la Bestia, el 666, Hè Phren, la mente de los instintos y los apetitos, el número del hombre en su plano material y más grosero según el hermetismo del Apocalipsis, todo por medio de los medios de comunicación de nuestros días y la mayoría de las veces sin el conocimiento de causa suficiente del que lo divulga, sea científico, periodista, investigador o, simplemente estudiante del tema.
Bien, centrémonos en la desmitificación del número 13, aunque no nos hemos desviado de ello en absoluto, terminando con una curiosidad que no es casual sino causal en cuanto a la creación de lo que hoy son los Estados Unidos de América. Este gran país se emancipó de Gran Bretaña a finales del siglo XVIII, dirigidos por francmasones iniciados en Logias inglesas como fueron Thomas Jefferson, George Washington y Benjamín Flanklin entre otros, todos los cuales siguieron la pauta del número 13 para crearlos.
Fue un comité de trece hombres los que bosquejaron los trece artículos que fueron adoptados un trece de Septiembre. Trece fueron las colonias originales de los Estados Unidos. Su bandera (respetada y admirada al máximo hasta el día de hoy) tiene trece franjas y fue seleccionada por poderes extranjeros un viernes trece (esto echa por tierra la superstición anglosajona sobre ese día y fecha; no la de los ingleses). Esto ocurrió en un barco mandado por John Paul Janes, cuyo nombre contiene trece letras y quién sólo tenía trece años de edad cuando llegó a América por primera vez. La gran flota naval norteamericana empezó con trece barcos, y la primera bandera izada por George Wasshigton en Cambrige, fue saludada por trece cañonazos y trece dianas. En el Sello de los EE.UU. vemos que la Pirámide tiene trece escalones y el emblema nacional, el Águila (american Tagle) tiene trece letras al igual que la frase nacional “E Pluribus Unum”, que viene a decir “De Muchos, Uno”.
Lo que llevamos dicho sobre el “maléfico” número 13 nos lleva
al convencimiento de que éste, unido o no al viernes o al
martes, no es sinónimo de mala suerte. Toda mala o buena suerte
está en nuestra propia mente. Sí fue proclamado como de mal
agüero para esconder su significado ante aquellos que no fuese
merecedores de saber su verdadera simbología. Dios creo todas
las cosas y todas son buenas hasta que el hombre empieza a
pensar que son malas; entonces éste concepto se convierte en una
ley para él convirtiéndose en victima de lo que él mismo creó.
Como sevillano, enamorado, dentro de un orden, de mi cuna por esta vez, no me resisto a poner dos ejemplos sobre el número del que vengo hablando desde hace cuatro páginas. Uno del Renacimiento y el otro de los tiempos actuales; son estos: la ciudad estaba rodeada de murallas y en ella 13 puerta que daban acceso a ella. El otro es tan prosaico como que el Escudo del equipo de fútbol Real BETIS Balompié desde sus orígenes tiene trece barras entre blancas y verdes en un triángulo equilátero con el vértice hacia abajo, además de que su nombre, descifrándolo numerológicamente suma 12=1+2=3, lo que, sin entrar en detalles por el momento, me lleva a comprende el porqué del grito de su afición “que viva er Beti man que pierda”.
Con mis mejores deseos de Paz Profunda, gracias.
Arbatel.
